A los millones de socios que me leen:
Amigo socio, sé que en este momento debes estar desconcertado. Seguramente no esperabas verte en la coyuntura de tener que volver a votar en unas elecciones madridistas mientras Florentino siguiera vivo. La última vez fue hace mucho, mucho tiempo, antes de que existiera cualquiera cuenta de twitter o de Youtube. Pero Fans del Madrid sí existía, y estuvimos ahí para contarlo. Da un poco de vértigo pensar que las chicuelas veinteañeras que hicieron campaña por Calderón ahora son cuarentonas; ¡el tiempo, ese martillo implacable! Y desde la luz que proporciona esa valiosa experiencia, voy a enseñarte a votar bien: Haz un perrugazo en la urna con una papeleta de color blanco madridista, o si quieres, mete en el sobre papel higiénico usado, que contará como nulo (un voto de mierda), pero es lo mismo. Ni Florentino ni Riquelme merecen tu apoyo, y te voy a explicar por qué:
Pipentino: el Rey de la Pipa
Cuando titulé mi anterior entrada «Jurásico vs Pipa», pude dar la errónea impresión de que Florentino no es un pipero; al contrario, es un piperazo del copón, pero todo tiene grados en esta vida. Pese a sus pretensiones de Tecnopresidente 2000, Flo nunca ha pasado de ser un pálido imitador de Bernabéu, sin el valor y el rupturismo del verdadero padre espiritual del Real Madrid. ¿Cuál es el primer atributo pipero de Pérez? El crear plantillas a base de acumular estrellotas y arrojárselas al entrenador para que ese pobre desgraciado trate de montar un equipo. Este último será siempre una figura sospechosa, inconveniente, cuya principal misión será tener contentos a los niños de Flo. El primer equipo galáctico es la idea que tenía el Ser Superior de un conjunto equilibrado: Figo, Beckham, Zidane, Baúl, Ronalgordo… todos mezclados sin ton ni son. Los siguientes equipos galácticos tan sólo rebajaron un poco esa locura, llegando a la actual versión con tropecientos mediapuntas (en el mundo floperiano nunca hay suficientes) y dos extremos izquierdos disputándose el puesto de estrella del equipo. Aunque en ciertas etapas hemos tenido plantillas equilibradas, da la impresión de que el equipo técnico siempre ha debido luchar contra las tendencias naturales del mandamás. Si algo han tenido de bueno las dos Champions consecutivas del PSG, es que han marcado el fin de la era de la estrellita; de hecho, deben haber sido un tanto humillantes para Pérez.
Otro rasgo genuinamente pipero ha sido la relación del presidente con los medios: nada de entrevistas de alto perfil, de explicar la filosofía rectora del club ni los planes de futuro; durante la mayor parte del florentinato, su entrevistador de referencia fue José Ramón de la Morena, sucedido por el igualmente casposo Josep Pedrerol. La sima absoluta en este aspecto fue la presentación de la Superliga en el programa del susodicho Pedrerol, con un formato de entrevista de mesa camilla, convirtiendo lo que debería haber sido un acontecimiento histórico en un bochorno colectivo que mató el proyecto antes siquiera de nacer. La tele del club, por su parte, sólo sirve para aumentar el déficit y emitir tertulias cutres a mayor gloria del jefazo y del victimismo arbitral, desaprovechando las múltiples posibilidades que ofrece un canal propio.
Tercer indicio de piperismo extremo: el férreo apego al puto solar de la Castellana, punto que en la mente de todo pipero premium fue designado directamente por Dios para que el Real Madrid disputara ahí sus partidos hasta el final de los tiempos. Curiosamente, el mismísimo Bernabéu no dudó en planificar la mudanza tan pronto vio que el solar había quedado obsoleto, plan frustrado por el alcalde Arias Salgado y otros prebostes franquistas. Flo jamás se planteó seriamente una mudanza a Valdebebas, retorciendo el proyecto de reforma para inventar un plan de negocio que se beneficiaba enormemente de estar en esa precisa parcela. Parcela donde, como el tiempo ha demostrado, era imposible cualquier tipo de ampliación, intervención arquitectónica agresiva o celebración de eventos sin molestar a los residentes de la zona (que sí, llegaron después, pero ahora están ahí). El daño lateral (¿qué coño es eso de «colateral»?) ha sido la tremebunda obra del hipogeo, insondable caverna resecadora de césped, quizá el proyecto de megaingeniería más desafortunado en lo que va de siglo dentro del ámbito europeo.
Sí, Florentino ha sido un monarca girasoliano y ha tratado a los socios como niños, sin hacer el menor esfuerzo por llevarlos a la edad adulta en dos décadas y media de mandato. Pero hay alguien decidido a superarlo…
Enrique Riquelme, Dios Emperador de la Pipa
Debemos aclarar que el Real Madrid no siempre fue pipero: durante la Primera Edad Dorada probablemnte se consideraba de mal gusto comer en el estadio, mucho más un aperitivo como este que deja desperdicios, pero llegados los 80 y la prohibición de las localidades de pie, era cuestión de tiempo que el público fuera gradualmente silenciándose y empezando a comer todo tipo de guarrerías para matar los minutos más aburridos del juego. Podemos situar el punto álgido de la Pipa entre finales de los 80 y la pandemia de 2020 (hecho que volvió al público mucho más escrupuloso y reacio a consumir alimentos en proximidad de otras personas) pero no nos engañemos, la Pipa siempre está latente, lista para volver y para hacerse con el control del club. Peret, ya en su etapa crepuscular donde se volvió independentista para que le permitieran hacer bolos (¡un gitano rumbero separatista!), profetizó este fenómeno en su último gran himno: La Pipa tiene el poder.
Enrique Riquelme es un tipo sin mucha experiencia, algo poco reprochabe dada su insultante juventud: al fin y al cabo, a la fecha de creación de este blog contaba únicamente con 15 años. Lo que ya cuesta más de aceptar es su falta de luces, evidenciada en unas propuestas de campaña muy poco imaginativas y claramente ancladas en el pasado más folclórico del club. Lo que sí hay que reconocerle es que ha detectado los dos únicos puntos que pueden hacerle daño a la Reina Chocha: las pocas prebendas ofrecidas por esta a los socios y la fantasmal amenaza de privatización del club. Expliquemos ambos.
Prebendas: Resulta bastante ingenuo pensar en los socios del Madrid como seres de elevados pensamientos, preocupados por los valores, imagen y gobernanza de la entidad: el perfil más habitual es, por el contrario, una persona tirando a mezquina, preocupada principalmente por su propia comodidad, porque la pelotita entre y sobre todo, por conservar la posesión de su abono.
Aquí conviene ser absolutamente claro: el abono del Real Madrid es, por encima de todo, un símbolo de status en la capital, un bien muy codiciado como todos aquellos que son escasos: sólo existen unos 70.000, la limitación del aforo hace imposible crear más, y la concesión de los mismos ha sido fieramente blindada por Florentino. Así pues, la titularidad del carnet se convierte para las almas más pedestres en parte indisoluble de su identidad, algo de lo que presumir y con lo que conceder favores, muy especialmente si se trata de dos abonos juntos, porque si algo distingue al hombre simplón es que es incapaz de disfrutar cualquier experiencia en soledad. Pérez ha convertido los carnets en algo sólo obtenible mediante herencia o enchufe, y por ese flanco débil lo ataca Pipelme: una de sus principales promesas ha sido liberar miles de abonos para que las masas hambrientas de socios no abonados puedan acceder por fin a este santo grial pipero. Si queréis conocer la mentalidad de ese perfil concreto de socios, sus reivindicaciones justas e injustas, este vídeo las resume perfectamente.
— BrumarioYo (@YBrumario) May 31, 2026
El otro punto débil de Flo es el de la fórmula societaria, cuestión que desea resolver desde hace tiempo pero que no se ha atrevido ni a explicar a los socios porque es un cagón. La fórmula que se maneja es el modelo alemán, con la entrada de capital privado y una junta que propone a un candidato a presidente cada cuatro años, el cual debe ser ratificado por los socios. No es un sistema perfecto, pero corta el ciclo eterno de elecciones, las cuáles sólo sirven como posible puerta trasera para advenedizos y terceros ambiciosos. Se cercena esa fantasía de que cualquier socio de pie puede llegar a ser presidente, pera esa dejó de ser una posibilidad real hace mucho. Este potencial cambio está siendo explotado por Riquelme, quien alcanza a entender que al socio le cuesta desprenderse de esa noción ingenua de ser «dueño del club».
Imposible no mencionar las elecciones de personal de ese candidato, sobre todo Baúl el Amargo como director deportivo; Baúl, protagonista del lustro de plomo durante el cual el Madrid cayó eliminado en octavos de Champions cinco años consecutivos, con el «eterno 7» en plena decadencia, titular por decreto y controlando con mano de hierro el relato mediático. ¿Ese es el que va a enderezar el rumbo deportivo del club?
Remata el «proyecto» de Riquelme una siniestra asociación con ultras sur, el grupúsculo de nostálgicos neonazis que aspira a reingresar al estadio para recuperar efectivos entre los jóvenes más descerebrados, volver a politizar la grada y recobrar su coto de trapicheo de drogas.
Riquelme ha identificado todos los parámetros que hacen vibrar a los piperos y, a falta de mejor plan, tiene la intención de mimetizarse absolutamente con la Pipa; al modo de Leto Areides II, intentará fusionar su ADN con el de una pipa Grefusa, hacer brotar un exoesqueleto de cáscara alrededor de su piel y convertirse en un Dios Emperador Pipero con un mandato de 10.000 años; durante el mismo, el equipo siempre tendrá al menos siete jugadores canteranos y/o españoles, y el fútbol de coños se disputará en el Bernabéu, que no se moverá de ahí a lo largo de esos cien siglos (aunque seguirá sin ir nadie a ver al Tacón).
¿Quién merece, pues, el voto entre estos dos destripaterrones? Ninguno de ellos. Florentino por chulo, agotado y rancio; y Pipelme por tonto, cutre y pipero. El perrugazo en blanco es la única alternativa para el socio que aún conserve algo de dignidad. Ganará igualmente Pipentino, pero ese alrededor de l 15% que le rascará Pipelme hará que se cague en el pañal. ¿Servirá esto para que pergeñe un proyecto deportivo sólido, para anunciar de una vez quién será su sucesor, para empezar a tratar a los socios como adultos? Muy probablemente no, pero intentemos al menos agitar la conciencia del semimomificado jerarca.










